
Sabía que sería efímero como el ocaso
Que sería breve como la vida de la abeja después de punzarte
Que llegaría el tiempo de lluvia y no esperaría a que volviera el verano:
Estaba ante un camino precario y estrecho.
Pero me aventuré porque era un camino agraciado
Me invitaban sus verdes pastos, sus flores silvestres
Su fauna poseía sonidos que regocijaban el alma: mi alma
Pero era corto, y muy pronto lo recorrí.
Cuando empezó a llover:
Sus plantas se empezaron a esconder
Sus pájaros dejaron de cantar
Su suelo se volvió pantanoso.
Entonces tuve que huir de aquel lugar
Volver al camino corriente de la vida
Donde sólo hay que seguir adelante
Y esperar otro desvío atractivo y exorbitantemente fugaz.